Excavar sin saber qué hay debajo es una de las decisiones más caras que se pueden tomar en una obra. Una retroexcavadora que rompe una matriz de agua, un ducto eléctrico energizado o una línea de fibra óptica no solo detiene la faena: genera reparaciones, multas, riesgo para los trabajadores y, en algunos casos, paralización del proyecto completo. La buena noticia es que hoy no es necesario perforar para saber por dónde van las líneas. La localización de tuberías con georadar